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Se dice que un diez por cien de los pacientes que visitan nuestras clínicas tienen algún tipo de problema cardíaco, ¿será verdad? ¿cuántos de nuestros perros de más de ocho años tienen tos o no toleran bien el ejercicio? Yo diría que son muchos, pero sé que muchas veces no acudimos a nuestras consultas cuando observamos esas manifestaciones, achacándolas al envejecimiento.

Nunca he dedicado un artículo en El Mundo del Perro a hablar del corazón y de los problemas que por la alteración de sus funciones vuestros perros pueden padecer. El músculo cardíaco es el responsable de llevar la sangre a todos los órganos y tejidos y de conseguir que la circulación sea el soporte de todas y cada una de las funciones que dan vida a los organismos.

Algo cada vez más común

Lo que debemos saber es que cada día es más frecuente que los veterinarios nos encontremos con perros afectados por alguna enfermedad cardíaca. La razón es obvia: nuestros compañeros viven cada día más, gracias al esfuerzo y las atenciones del ser humano.

No será fácil explicar por qué, en un momento determinado, el corazón de nuestras mascotas empieza a requerir la atención del veterinario, pero si estamos un poco pendientes de ellas seremos capaces de detectar cuándo ha llegado ese momento.

En mi experiencia clínica, las visitas rutinarias para desparasitaciones y vacunaciones son el momento idóneo para que nosotros, haciendo una exhaustiva revisión, podamos darnos cuenta de que el corazón del perro necesita una particular atención.

Son muchas las ocasiones en las que, por desgracia, achacamos a la vejez el deterioro de la capacidad cognitiva y funcional de nuestros perros, y que ante preguntas que nos planteamos, obtengamos siempre la misma respuesta: “Es que el perro ya es muy viejo?”. ¿Hasta qué punto es esto cierto?

El corazón es un órgano musculoso y cónico situado en la cavidad torácica que funciona como una bomba, impulsando la sangre a todo el cuerpo. Un poco más grande que un puño, está dividido en cuatro cavidades: dos superiores, llamadas aurículas, y dos inferiores, llamadas ventrículos. El paso de la sangre de unas cavidades a otras se produce a través de las válvulas cardíacas. El corazón impulsa la sangre mediante los movimientos de sístole y diástole. Sístole es una contracción que usa el corazón para expulsar la sangre, ya sea de una aurícula o de un ventrículo. Diástole es una relajación que usa el corazón para relajar los ventrículos o las aurículas y recibir la sangre.

Nos podrá resultar sorprendente que un veterinario, con la simple aplicación del fonendoscopio sobre el lado derecho e izquierdo del tórax del perro pueda decir: “ tu perro tiene un problema cardíaco”. A continuación vendrán las preguntas de rigor: ¿le encuentras cansado? ¿Se mueve menos? ¿Hace algún ruido extraño? ¿Te da la impresión de que tiene algo clavado en la garganta y que quiere expulsar? ¿Vomita flemas con frecuencia?

Muchas veces, ante estas preguntas tenemos que responder afirmativamente. Quizás nos pasaron inadvertidos algunos de estos síntomas, o bien no les dimos la importancia que tenían, ya que al principio se pueden presentar sólo de forma esporádica.

La insuficiencia cardíaca es un síndrome clínico en que el bombeo de sangre se encuentra deteriorado. El corazón no puede impulsar la sangre a un ritmo adecuado para satisfacer las necesidades metabólicas de los tejidos. Se trata de una enfermedad progresiva que conllevará que la contracción y la relajación del miocardio no se produzcan adecuadamente, lo que derivará en una insuficiencia circulatoria.

SIGNOS CLÍNICOS

Existen varias clasificaciones para determinar el grado de insuficiencia cardiaca en los perros. En el presente artículo utilizaré la que se fundamenta en las limitaciones frente al esfuerzo de un paciente con esta dolencia. Los signos clínicos asociados a la insuficiencia cardíaca son básicamente síntomas de congestión y edema (edema pulmonar, ascitis, derrame pleural, etc) y una disminución en el reparto de sangre a los tejidos y órganos que podrá provocar crisis de debilidad, síncopes, peor tolerancia al ejercicio, fatiga, etc. A menudo, la disnea está ocasionada por edema pulmonar o derrame pleural, pero también puede aparecer antes de que los pacientes desarrollen una retención de líquidos grave. La disnea y la intolerancia al ejercicio pueden estar relacionadas con cambios en el músculo esquelético que se produce en la insuficiencia cardíaca. Los animales normales pueden estar disneicos durante el ejercicio físico de forma similar a lo que ocurre en los afectados por ICC.

La principal diferencia entre un animal no entrenado adecuadamente pero normal y uno con ICC es la cantidad de ejercicio que necesita para presentar dificultad respiratoria y fatiga. La fatiga muscular es un importante factor determinante de la intolerancia al ejercicio y disnea (fatiga de los músculos respiratorios) en la ICC.

La presentación de una insuficiencia cardíaca debe ir acompañada de una enfermedad del corazón, aunque no todas las patologías cardíacas llegan a provocar una insuficiencia en este órgano.

CLASE I: INSUFICIENCIA CARDIACA LEVE

Se trata de un paciente con evidencia objetiva de una cardiopatía, pero no se observa sintomatología de una insuficiencia cardíaca. Es un estadio compensado. Por ejemplo, un perro con un problema de válvula mitral presentará un soplo a la auscultación, pero no le notaremos ningún síntoma que nos haga pensar en una insuficiencia cardíaca congestiva. Es decir, no habrá edema pulmonar, ni ascitis, ni debilidad, ni adelgazamiento, ni cansancio, ni síncopes. El perro será capaz de tolerar cualquier tipo de ejercicio. Si hacemos una radiografía del corazón y pulmones de estos, lo más probable es que no veamos nada extraño. Tan sólo en casos contados podemos observar un ligero aumento de la aurícula izquierda. Si hacemos un electrocardiograma, tampoco detectaremos ninguna alteración.

CLASE II: INSUFICIENCIA CARDIACA MODERADA

Se trata de perros que llevan una vida más o menos normal pero empiezan a evidenciar signos clínicos de insuficiencia cardíaca cuando realizan un ejercicio intenso. Son animales que se encuentran en una fase previa o inicial de descompensación cardíaca. En esta fase se puede apreciar tos o disnea tras realizar un ejercicio intenso como consecuencia de un grado moderado de congestión pulmonar.

En las radiografías veremos un aumento de tamaño del lado izquierdo del corazón que afectará tanto a la aurícula como al ventrículo de ese lado. Los vasos sanguíneos pulmonares mostrarán un aumento de su diámetro.

La tráquea mostrará un recorrido con menos ángulos. Los electrocardiogramas mostrarán alteraciones en algunas ondas y, a veces, de la frecuencia del ritmo cardíaco.

CLASE III: INSUFICIENCIA CARDÍACA SEVERA

Se trata de perros que ante un ejercicio leve o por la noche van a presentar signos de insuficiencia cardíaca clara. Existirá una descompensación y una clara disfunción cardíaca. Estos animales pueden estar asintomáticos en reposo. Manifestarán tos seca y disnea (dificultad respiratoria) por congestión pulmonar, y una mayor fatiga.

Radiográficamente, el aumento del tamaño del corazón y de congestión de las vías respiratorias serán evidentes. La aurícula izquierda estará mucho más grande, y el músculo cardíaco aparecerá mucho más redondeado, debido al aumento de tamaño de los ventrículos. Veremos la imagen de un edema pulmonar, con aumento del diámetro de las venas pulmonares y, a veces, de la vena cava caudal. El hígado se verá aumentado de tamaño de tamaño y el electrocardiograma mostrará muchas irregularidades.

CLASE IV: INSUFICIENCIA CARDIACA GRAVE

Se observarán signos clínicos muy relevantes, incluso cuando el perro está en reposo, como consecuencia de la grave descompensación cardíaca. Cualquier mínimo esfuerzo supondrá un agravamiento de la sintomatología y pondrá en peligro su vida.

Habrá edema pulmonar con tos, disnea, ascitis, afectación de la pleura, aumento del tamaño del hígado y del bazo, junto a síncopes, debilidad, adelgazamiento y pérdida de masa muscular.

En las radiografías, que deberán ser realizadas con máxima cautela, aparecerá un corazón muy aumentado de tamaño, con edema pulmonar y efusiones en pleura y pericardio. El hígado y el bazo estarán muy aumentados de tamaño y, en muchas ocasiones, la tráquea se verá comprimida por el corazón. El electrocardiograma mostrará alteración de muchas ondas y complejos y, además, marcará arritmias.

TRATAMIENTO

Lo primero que debemos saber es que a un perro con cardiopatía no lo vamos a curar. Muchas veces, la mayoría, la enfermedad cardíaca deriva de una lesión o envejecimiento de las válvulas cardíacas, cuya “curación” pasaría por el recambio de las mismas. En algunos casos, la única solución “curativa” sería el trasplante y, en otros, cirugías muy complejas. ¿Conocéis en España y en el mundo muchos veterinarios capaces de llevar a cabo estas técnicas quirúrgicas? Seamos, pues, realistas y digamos que lo que vamos a tratar es una enfermedad crónica que algún día acabará con la vida de nuestro perro. Se trata, por tanto, de conseguir que estos animales vivan lo mejor y el mayor tiempo posible.

La gran arma química con la que contamos son los vasodilatadores, denominados IECA, que se ha demostrado que son capaces de prolongar la vida de los perros afectados de insuficiencia cardíaca congestiva.

Debe quedar claro, aunque no siempre es así, que una vez empiecen a ser utilizados, su uso será permanente. El corazón de nuestros perros lo agradecerá.

En muchas ocasiones será necesario el uso de diuréticos. Será muy molesto tener al perro con excesivas ganas de orinar, tener que sacarle con mucha frecuencia a la calle y tener que utilizar la fregona para recoger la orina del suelo de casa en algunas ocasiones. Será molesto, sí, pero asegurará un mayor tiempo de vida al perro. Los deberemos utilizar el menor tiempo posible y ajustar su administración a las horas en las que podamos facilitar la evacuación.

Quiero decir que deberíamos procurar que la última toma del día no sobrepasara las ocho de la noche.

Los digitálicos serán de gran ayuda en el tratamiento, en especial cuando el perro presente arritmias.

Conllevan el inconveniente de que pueden provocar cierta toxicidad, por lo que serán necesarios determinados análisis de sangre para evitar su presentación.

Debemos tener en cuenta que, en muchas ocasiones y debido al problema cardíaco, se hará necesaria la utilización de broncodilatadores, mucolíticos y antibióticos, dadas las frecuentes complicaciones respiratorias que experimentarán los perros afectados de una cardiopatía.

Además, será conveniente el uso de dietas adecuadas para esta patología, a las que debemos habituar a nuestro perro de forma paulatina. Los perros con buen apetito aceptarán sin problemas el cambio, pero habrá que tener un poco de paciencia con los que son un poco más “selectivos” a la hora de elegir su alimento.

DIAGNÓSTICO

Las pruebas a realizar para llegar a un correcto diagnóstico son varias y, en ocasiones, costosas. Las radiografías torácicas son muy importantes en los pacientes sospechosos de tener una ICC. Los cambios en el tamaño y forma del corazón pueden mostrar los efectos compensatorios cardíacos (cardiomegalia) y ser muy útiles para determinar la causa de ICC en los perros.

La electrocardiografía puede utilizarse para valorar el ritmo cardíaco, pero sólo aporta información indirecta sobre la función cardiovascular. Las arritmias, por ejemplo, pueden estar provocadas por causas no cardíacas.

Por tanto, debemos decir que el electro aporta criterios no definitivos del diagnóstico, pero sigue siendo un método de diagnóstico, aunque un electrocardiograma normal no descarta la presencia de ICC o cardiopatía.

La ecocardiografía, la medición de presiones arteriales y el cateterismo cardíaco (que no se usa demasiado) pueden aportar importante información. Cada día se hace más interesante el uso de la ecocardiografía dopler en color.

Existen, además, marcadores bioquímicos que nos aportan importante información sobre la funcionalidad cardíaca, como son las troponinas cardíacas y los peptidos natriuréticos. Un análisis general con un hemograma completo y una bioquímica nos proporcionará información adicional sumamente importante.

PARA TERMINAR

En resumen, la ICC es un estado en que el gasto cardíaco es inadecuado para mantener las necesidades de perfusión para el metabolismo tisular y la capacidad de ejercicio está limitada. Puede ser consecuencia de la incapacidad del corazón para enviar sangre correctamente (insuficiencia sistólica) o un llenado ventricular inadecuado (insuficiencia diastólica). La identificación correcta de la causa nos permitirá elegir el tratamiento más adecuado.

Sea cual sea el mecanismo, la ICC se asocia a un descenso de la presión arterial y a una activación de los mecanismos compensadores enfocados a restaurar la presión arterial normal. Estos mecanismos incluyen la activación de ciertas hormonas y la retención renal de sodio y agua. La vasoconstricción, taquicardia y retención de volumen son las respuestas iniciales de la circulación ante el descenso de la presión arterial. Una respuesta compensadora excesiva puede originar una compensación excesiva, y los mecanismos compensatorios que en un principio son beneficiosos se tornarán en responsables de los signos clínicos.

CONSEJO

El tratamiento precoz de esta enfermedad conseguirá que nuestros perros vivan mucho más, ya que el deterioro del corazón será mucho más lento. Así pues, permaneceremos pendientes de la aparición de los síntomas que hemos apuntado y, aún en caso de duda, acudiremos al veterinario.

Fuente: José Enrique Zalzívar (Clínica Veterinaria Colores)

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Un comentario para “Insuficiencia cardíaca congestiva (ICC)”

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