“Antes de una intervención: Anestesia y chequeos preguirúrgicos”‏

La anestesia es uno de los procedimientos clínicos que más inseguridad crea en los propietarios de las mascotas, tal vez como extrapolación del propio miedo que nos genera el tener que ser anestesiados nosotros mismos.

En este artículo intentaremos eliminar todas las dudas mediante la explicación razonada del método, jugando una parte importante los denominados chequeos prequirúrgicos. También explicaremos brevemente qué son y por qué se usan los “consentimientos informados” que debemos firmar, previamente a cualquier intervención.

Los anestesistas consideran que “todo acto anestésico supone una agresión sobre el equilibrio fisiológico y boiquímico de un ser vivo, y por lo tanto lleva implícito un riesgo de disminución de sus capacidades vitales y de muerte”. Qué duda cabe que los accidentes anestésicos por todos conocidos, aun cuando sean estadísticamente raros, así como pensar en una pérdida completa de la consciencia y de la sensibilidad al dolor, son su consiguiente despertar posterior, no parecen en principio situaciones muy tranquilizadoras.

Chequeos previos a la anestesia

Los chequeos previos a cualquier anestesia dependen mucho de la edad y especialmente de la salud del paciente. Es normal que se realice un análisis general de sangre y un electrocardiograma, pudiendo ser en algunos casos necesario complementarlo con una radiografía u otras pruebas. Estas valoraciones previas están encaminadas a detectar alguna patología oculta que no haya manifestado ningún síntoma, pero que pudiera aumentar el riesgo durante la anestesia.

El correcto funcionamiento del sistema cardiorespiratorio, así como del hígado y los riñones serán de gran importancia. Existe una clasificación del denominado “riesgo anestésico” que permite categorizarlo de una forma más o menos objetiva, consensuada por la Asociación Americana de Anestesiología (ASA) ya hace más de cuarenta años, pero que sigue vigente, y así se diferencia desde un ASA I (riesgo bajo), hasta un ASA V (riesgo extremo).

Qué es y para qué sirve el “consentimiento informado”

Relacionado con el punto anterior, es un requerimiento habitual previo a la realización de cualquier procedimiento que entrañe un cierto riesgo, la firma por parte del propietario del denominado “consentimiento informado”.

Con suficiente anterioridad el veterinario debe informar de forma clara del tipo de intervención a la que va a ser sometido el animal, con los riesgos que ello entraña y, una vez aclaradas todas las dudas y que el propietario ha entendido todo, lo firma en el citado documento.

Este documento es importante únicamente para, en el caso de algún problema derivado con el procedimiento, demostrar que el propietario era consciente de los riesgos. Por ello es necesario resaltar que no se trata de una “licencia para matar”, ni que implique ninguna pérdida de la responsabilidad por parte del veternario actuante, ya que exclusivamente indica que el propietario conocía la intervención y aceptó sus riesgos. Ni que decir tiene que ante una mala actuación o una negligencia, dicho profesional puede ser demandado exigiéndole cuantas compensaciones sean consideradas.

La hora de la anestesia

La anestesia consiste en la utilización de una combinación de fármacos que origine una analgesia (ausencia de dolor), sedación o hipnosis (sueño) y una correcta relajación muscular. Cada vez se utilizan más las asociaciones de medicamentos, en vez de un único agente anestésico, pues ello permite usar dosis mucho más bajas, lo que conlleva una mejor y más segura anestesia.

Las vías de administración son o bien inyectables (intramuscular, subcutánea o intravenosa), o inhalatorias (vía respiratoria junto al oxígeno). Sea cual sea la vía utilizada para administrar el anestésico, casi siempre el animal se intuba (se le introduce un tubo hasta la tráquea), para facilitar su oxigenación , y se le pone una vía venosa, con suero, en la que poder administrar con rapidez cualquier medicamento.

perro enfermo 150x150 Antes de una intervención: Anestesia y chequeos preguirúrgicos‏Generalmente se utilizan en un principio sedantes, que permitan una mejor manipulación del paciente, evitando que se estrese, para posteriormente inducir ya la anestesia porpiamente dicha. El despertar debe ser relajado, con una suficiente cobertura analgésica, acorde al tipo de intervención. La analgesia se consigue con el uso simultáneo de al menos dos tipos de fármacos, siendo una obligación de un buen anestesista tanto por cuestiones de bienestar, como de mejoría de la recuperación del paciente.

Controlado siempre

Existen en la gran mayoría de los quirófanos de las clínicas veterinarias aparatos para monitorizar las constantes vitales durante todo el tiempo anestésico, y así podemos saber las frecuencias respiratoria o cardíaca, el grado de oxigenación, el funcionamiento del corazón, la temperatura corporal, la tensión sanguínea, etc., con alarmas que saltan ante valores anormales. El mayor control de todos estos valores permite ajustar “a medida” la anestesia de cada paciente, avisándonos en los primeros momentos de que algún valor se está desajustando, lo que nos permite actuar con rapidez.

Si bien como hemos indicado en un principio, no existe el riesgo anestésico cero, si es verdad que con los mejores equipamientos y especialmente con la gran preparación de la mayoría de veterinarios, los accidentes son escasos. Esperamos que el conocimiento de este proceso haya conseguido ayudaros a afrontar una eventual anestesia.

Fuente: Revista “Perros & Compañía”, Nº187

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