¿Qué debe saber un perro para desenvolverse correctamente en sociedad?
Los propietarios de perros se quejan -y con razón- de la falta de espacios al aire libre destinados a sus mascotas, de la intolerancia de ciertas personas y autoridades y de la incomodidad que supone poseer un animal de los considerados “peligrosos”.
Sin embargo, para conseguir que nuestros amigos de cuatro patas sean aceptados como miembros de pleno derecho de la sociedad humana por todos los que la componemos, somos los dueños los primeros que debemos ponernos manos a la obra educando a nuestros perros para que sepan comportarse correctamente.
Cada vez son más las personas que deciden tener una mascota y que la consideran un miembro más de la familia. La cuidan con esmero, la miman y desarrollan con ella un vínculo muy especial. El amor que llegamos a tener a estos animales hace que muchas veces no distingamos entre ellos y los humanos y que no entendamos a aquellas personas que no sienten lo mismo. Pero, por mucho que les queramos, debemos ser coherentes.
Nuestros perros no tienen derecho a hacer lo que les dé la gana -de la misma manera que no lo tenemos los humanos- y han de cumplir unas normas de convivencia para poder vivir en sociedad.
La palabra clave es la tolerancia. Quienes posean un perro, deben procurar que éste no moleste a los demás proporcionándole una educación básica. Nuestra mascota no tiene que ser un artista de circo que sepa dar la pata o traernos el periódico pero sí debe aprender a comportarse tanto dentro como fuera de casa.
Por otro lado, las personas a las que no les gustan los perros, no tienen más remedio que acostumbrarse a respetarlos pues, queramos o no, cada vez son más numerosos y estamos obligados a convivir con ellos. Eso sí, el respeto debe ser mutuo.
En la calle
Una de las cuestiones más elementales es la que concierne a los excrementos. Si disponemos de jardín y creemos que es adecuado que el perro se desahogue en él, debemos destinar una zona acotada para ello y enseñarle a utilizarla. Será más cómodo para nosotros y, por supuesto, más higiénico. En el caso de que la mascota deba realizar sus necesidades en la calle, no nos queda más remedio que recoger sus excrementos, no sólo porque nos obligue la ley, sino porque a un buen ciudadano también le obliga su conciencia.
Y, siguiendo con el exterior, durante el paseo también hay unas reglas básicas. Lo primero que tiene que hacer es aprender a acudir siempre a la llamada del amo. Es fácil conseguirlo si sabe que, cuando nos hace caso, va a recibir algo bueno (un premio, una caricia…). Después habrá que acostumbrarle al collar y a la correa. Podemos empezar a ponerle el collar cuando sea un cachorro durante un rato en casa e ir, progresivamente, aumentando el tiempo. Lo mismo haremos con la correa a la vez que le enseñamos a caminar junto a nosotros.
Las primeras salidas pueden resultar algo estresantes pero, poco a poco, se acostumbrará a las novedades y se irá tranquilizando. Siempre deberemos llevarle sujeto y sólo le soltaremos en los lugares especialmente destinados a ello. Cuando lo hagamos, no le perderemos de vista y evitaremos que se acerque a desconocidos.
En familia
Por supuesto que en casa las reglas las marcamos nosotros pero es de sentido común que resulta más sencillo convivir con un perro educado que con uno consentido. Así, nos toca enseñarle que este no es el sitio idóneo para hacer sus necesidades y, cuanto antes comencemos con su aprendizaje, mejor, pues evitaremos que adquiera malas costumbres.
No debe ladrar en exceso, especialmente si vivimos en un piso, y se callará cuando se lo pidamos. Asimismo, debe aprender a saludar correctamente a las personas; no a todo el mundo le gusta que le planten dos patas en el pecho y le cubran la cara de lametones.
En cuanto a la comida, además de que sabemos que nuestros alimentos humanos no son nada buenos para ellos, es muy desagradable tener a un perro dando vueltas alrededor de la mesa, especialmente cuando hay invitados en casa. Evitar que mendigue a todas horas está en nuestra mano: si no cedemos desistirá pero, con una sola vez que hagamos caso a sus peticiones, habremos perdido la partida.
También es importante que se deje manipular por el dueño. Habrá que acostumbrarle desde cachorro para que, en el futuro, no tengamos problemas a la hora de asearle, administrarle medicamentos o curarle una herida.
Para evitar la aparición de malos hábitos, hay que comenzar lo antes posible con su educación. Pero no se trata de que nos convirtamos en instructores militares, sino que aprovecharemos los juegos los juegos para comenzar a enseñarle buenas maneras. Será más divertido para él y para nosotros. No hay que perder la paciencia, es absolutamente normal que el cachorro tenga retrocesos en su educación.
Cuando vaya creciendo, se acostumbrará a nuestras órdenes que le daremos con voz firme pero sin gritar. Tampoco es beneficioso que seamos demasiado estrictos ni que le regañemos en exceso pues eso sólo crea perros miedoso y sin confianza en sí mismos. Mantén la calma y, si en un momento dado el perro no entiende lo que le estás pidiendo, opta por otra orden más sencilla; eso hará que el animal se relaje cuando reciba su premio o felicitación pues él sólo intenta agradar y, si no consigue complacerte, se frustrará.
Siempre nos queda la posibilidad de acudir a un profesional, pero conseguir que un perro aprenda unas normas básicas está al alcance de cualquier persona comprometida pues, la perseverancia es la única garantía de éxito.
Fuente: Revista “El Mundo del Perro”, Nº 354




