¿POR QUÉ MI PERRO COME EXCREMENTOS?

El hábito continuado de ingerir heces recibe el nombre de coprofagia, del griego copros (heces) y phagein (comer) y existen especies animales que lo hacen regularmente mientras que en otras, como los perros, sólo ocurre bajo condiciones anormales. El desagrado causado en sus propietarios provoca castigos, desinterés o rechazo con el perro y en el peor de los casos su eliminación o abandono, por lo que es una conducta que merece más estudio del que hasta la fecha sele ha dedicado.

Animales que con frecuencia devoran heces son por ejemplo los conejos, que producen cecotrofos, unas heces blandas de alimento a medio digerir que vuelven a comerse. Las crías de elefantes comen las heces de sus progenitores y los gorilas comen sus propias heces.

La coprofagia, costumbre de comer sus propios excrementos o los de sus congéneres, no es extraña al perro, es una conducta normal en las hembras que han parido y amamantan a sus cachorros. Devoran las heces de los pequeños para mantenerlos limpios y sin olores que puedan atraer a depredadores. También los cachorros cuando empiezan a explorar el mundo pueden sentir curiosidad por comer los excrementos de sus hermanos, especialmente cuando se les alimenta con piensos muy grasos.

Los perros tienen el instinto natural de comer los excrementos de vacas, caballos y otros grandes animales herbívoros, es un comportamiento carroñero, que demuestra la capacidad de supervivencia de la especie, dado el alto valor nutritivo de estas heces.

También comen la materia fecal del gato, que contiene gran cantidad de proteínas. Hasta aquí se trata de conductas naturales, sin embargo comer las propias heces o las de otros perros adultos es una muestra de inadaptación que, sin embargo, una parte importante de la población canina practica.

En consideración a lo expuesto podemos dividir la coprofagia en tres modalidades:

  • Autocoprofagia: cuando el perro come su propio excremento
  • Coprofagia intraespecífica: cuando el perro come excrementos de otro perro
  • Coprofagia interespecífica: cuando el perro come excremento de otra especie (gato, vaca, conejo, etc)

La nutrición no guarda relación con la coprofagia

El tratamiento no es sencillo y al parecer no se soluciona por la administración de complejos minerales, como se ha creído durante mucho tiempo. De cualquier manera y frente a esta aberración es conveniente verificar su alimentación y ofrecer al cachorro la tasa óptima de calcio y vitaminas. Aunque muy probablemente la rectificación no resuelva el problema, pues se trata de un vicio psíquico, como el niño mayor que todavía se chupa el dedo..

Está probado que el tipo de alimentación que el perro recibe no es causa directa de la aparición de la coprofagia, aunque pudiera ser que una ausencia de suficiente fibra en la dieta derive en coprofagia. Lo adecuado es dar al perro un alimento balanceado de alta calidad dividiendo la ración en dos tomas diarias, así evitamos que el perro se inicie en la coprofagia para complementar sus horarios de comida.

En algunos casos una insuficiencia digestiva hace que parte de los nutrientes se eliminen en las heces sin asimilarse, lo que provoca en el perro una reingesta para compensar tal situación.

En estos casos es preciso hacer desaparecer rápidamente los excrementos, para que el perro no tenga acceso a ellos, y desde luego, regañarle severamente si le sorprende en plena acción de ingerirlos, obligándole a soltar lo que mastica.

Los afectados de coprofagia deben tenerse aislados de otros perros para evitar que ingieran sus excrementos.

Si el perro consume haces durante los paseos cotidianos será necesario mantenerle siempre sujeto con la correa y ponerle un bozal.

Causas psíquicas de la coprofagia

La mayoría de los expertos opinan que nos encontramos frente a un vicio de origen neurótico, una paraneurosis de origen alimenticio, una aberración del gusto por los alimentos y las cantidades consumidas.

mi perro se come sus heces 150x150 ¿POR QUÉ MI PERRO COME EXCREMENTOS?El transtorno aparece con frecuencia en animales aburridos, en aquellos que viven confinados en perreras o pequeños espacios.

Entre los motivos que se aducen para justificar la aparición de la conducta en estos casos es la necesidad que tiene el perro de mantener el entorno de su vacija limpio. Cuando el propietario no retira a diario estos excrementos, la única manera que el animal tiene de hacerlos desaparecer es su ingesta.

La coprofagia es una conducta imitativa. El perro coprófago es copiado por aquellos otros perros que conviven con él, por lo que es necesario mantenerle aislado.

Otro motivo puede ser la necesidad de llamar la atención del perro, si casualmente come las heces y observa que ello provoca una reacción de disgusto en el propietario, repetirá el comportamiento. Es un comportamiento similar al del perro que toma en la boca un objeto de su propietario; el periódico, una zapatilla, etc, y cuando se lo pide, en lugar de entregarlo sale corriendo para que le persiga.

El perro come heces para segur recibiendo atención de su propietario.

Claves para tratar un perro coprófago

1. La primera medida racional es no dejar que el perro tenga a su alcance excrementos, retirando sus excrementos o los de otros perros inmediatamente tras la deposición.
Por lo tanto debe extremarse la limpieza en cuanto aparezca este comportamiento.

2. Se puede intentar corregir el vicio creando aversión a las heces del animal, para ello es necesario rociarles de algún producto cuyo sabor sea desagradable para el perro como es el vinagre.

3. El castigo es un método ineficaz, especialmente cuando la coprofagia responde a una necesidad de llamar la atención. Aquí el castigo actúa como reforzador de la conducta, puesto que el perro consigue aquello que buscaba, recibir atención de su propietario.

4. Ignorar al perro resulta en general más eficaz que castigarlo. Resulta eficaz sólo en aquellos casos en que el perro buscaba nuestra atención.

5. Si observamos este hábito en el perro es necesario acudir al veterinario para que someta al animal a una revisión completa para descartar patologías o tratarlas en su caso, tales como diarreas, insuficiencia pancreática, pancreatitis, etc. En ocasiones desaparece esta conducta al administrar encimas digestivas con la dieta del perro.

Fuente: Revista “Perros & Compañía”, Nº 184

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